Manuel Prado Ugarteche encarna como pocos la transición del viejo Perú oligárquico hacia una política más amplia, compleja y marcada por tensiones sociales crecientes. Fue el único civil del siglo XX que gobernó dos periodos completos, en contextos radicalmente distintos: la Segunda Guerra Mundial y el nacimiento de la política de masas.
Su estilo, mezcla de diplomacia fina, pragmatismo y una notable habilidad para conciliar intereses, lo convirtió en una figura central del siglo.
️ Orígenes: El Hijo de la Elites y el Técnico Moderno
Nació en Lima el 21 de abril de 1889, dentro de una de las familias más influyentes del país. Hijo del expresidente Mariano Ignacio Prado, creció entre poder político y privilegio.
Estudió ingeniería civil y se convirtió en banquero y empresario. Llegó a presidir el Banco Central de Reserva y el Banco Popular, lo que le otorgó una visión técnica clave para su futuro político.
Esta mezcla de aristocracia, formación técnica y experiencia financiera moldeó su estilo presidencial: ordenado, moderado, y más gestor que caudillo.
Primer Gobierno (1939–1945): La Estabilidad en Medio de la Tormenta Mundial 
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Su primera presidencia coincidió con el inicio de la Segunda Guerra Mundial y con un Perú que buscaba orden tras décadas de inestabilidad militar.
Diplomacia en Guerra
Prado supo maniobrar con precisión quirúrgica:
- Rompió relaciones con el Eje tras el ataque a Pearl Harbor.
- Permitió una base aérea estadounidense en Talara.
- Aplicó medidas duras contra ciudadanos de países del Eje, incluidas confiscaciones.
Fue una política alineada con los Aliados, pragmática y claramente estratégica.
️ Guerra con Ecuador (1941)
Su gobierno enfrentó y ganó el conflicto militar con Ecuador, que culminó en el Protocolo de Río de Janeiro. Esto consolidó la presencia peruana en la Amazonía y fortaleció la imagen del Perú en la región.
️ Modernización
Promovió obras emblemáticas como:
- el Hospital del Empleado (hoy Rebagliati),
- el Palacio de Justicia,
- ampliación de infraestructura industrial y urbana.
Su primer mandato dejó un país más estable y con mayor presencia internacional.
️ Segundo Gobierno (1956–1962): La Convivencia y la Modernización en Crisis
El país de 1956 ya no era el mismo de 1939. Ahora había grandes ciudades, clases medias emergentes y un APRA masivo que exigía un lugar en la política.
El Pacto con el APRA: La Convivencia
Para ganar las elecciones, Prado selló una alianza histórica con Víctor Raúl Haya de la Torre.
Este acuerdo permitió:
- la legalización del APRA,
- su participación plena en el sistema político,
- cierta estabilidad basada en un equilibrio tenso entre élites y partido de masas.
La Convivencia fue pragmática, audaz y profundamente controversial.
Crisis Fiscal y Ajustes
El segundo mandato tuvo dificultades económicas:
- presiones inflacionarias,
- devaluación del sol,
- un plan de estabilización con apoyo del FMI que generó protestas.
️ Obras y Desarrollo
El país vivió un auge de infraestructura:
- avance de la Carretera Marginal,
- mejoras en el Puerto del Callao,
- ampliación del Estadio Nacional,
- primeros pasos hacia la Refinería de La Pampilla.
Era un país que crecía, pero también tensiones sociales que se profundizaban.
El Final: Golpe de 1962 y Exilio
Las elecciones de 1962 se vieron empañadas por acusaciones de fraude. Las Fuerzas Armadas, temiendo la llegada del APRA al poder, intervinieron a pocos días del cambio presidencial.
Prado fue depuesto y enviado al exilio en París, cerrando un mandato que combinaba avances económicos con fracturas políticas profundas.
Legado: Modernización, Pragmatismo y Límites del Orden Oligárquico
El legado de Manuel Prado es complejo:
️ Luces
Sombras
- Continuidad del orden oligárquico.
- Escasa reforma social profunda.
- Dependencia de pactos políticos frágiles.
- El colapso de 1962 demostró los límites de su estilo conciliador.
Últimas Miradas Sobre Su Legado
Manuel Prado Ugarteche fue el gran negociador del Perú del siglo XX: un presidente que administró cambios gigantescos con una mezcla de refinamiento, pragmatismo y cautela.
Pero su estilo, eficaz en tiempos de calma relativa, no pudo contener las fuerzas sociales y políticas que hervían bajo la superficie. Su figura simboliza la tensión entre un Perú que se modernizaba aceleradamente y otro que se aferraba a las viejas estructuras del poder.
Es, en suma, el presidente del equilibrio posible, en un país que ya pedía transformaciones más profundas.