Ficha de la pieza
- Fecha de publicación: Marzo y Abril de 1926
- Páginas: 2
- Lugar de publicación: Lima, Perú
Texto íntegro
JULIO ALVAREZ DEL VAYO
La Nueva Rusia
Madrid: España, Calpe, S. A., 1926
Se lee este libro de Alvarez del Vayo bajo un estado especial de simpatía intelectual. El autor formó parte en 1922 de la expedición Nansen de socorro para los millares de hambrientos que en Ucrania y en el Volga amenazaban intensamente la nota trágica de la vida rusa, agudizada por la guerra, la revolución y las criminales expediciones de Wrangel, Denikin, Koltchak, etc., armadas por el imperialismo europeo.
Estamos pues, frente al libro de un hombre que ha visto de cerca el dolor de un pueblo y no ante el caso de los numerosos intelectuales que han ido a Rusia desde la Revolución hasta nuestros días, con el propósito inconfesable de desprestigiar un estado de cosas que ha merecido de altos espíritus una serena y atenta investigación.
Periodista ágil e inteligente, Alvarez del Vayo nos vierte impresiones personales de la Nueva Rusia. No pretende como lo dice en el prólogo agotar el tema. Si bien revisa muchos aspectos y figuras de la vida rusa, va conociendo por el público de habla española, nos revela en cambio otros panoramas sugestivos, trazados admirablemente.
No es un libro ortodoxo, que para mucha gente sería título suficiente para eludir su lectura. Constituye sino uno de los buenos documentos sobre el lejano país de las estepas. El autor afirma en muchos pasajes su amor por las cosas rusas, mas este amor no le lleva a la parcialidad. Amor de conocimiento, dice Antonio Urgo y Alvarez del Vayo quiere ejercer un amor para ser justo y verdadero en su conocimiento. Por eso advierte que se trata de un libro de impresiones, “vividas por un periodista que estuvo en Rusia en dos ocasiones distintas después de la Revolución (1922-1924) y que siente de antiguo predilección por las cosas rusas”.
Desfilan delante del lector la vida y obra de Lenin, con toda la fuerza hipnotizante de su grandeza histórica; Trotsky con su multifacética personalidad; Zinoviev; para quien tiene duras acometidas por su sugestión en la presidencia de la Tercera Internacional; Dzerchinsky, director de la Cheka; Stalin, Chicherin, Lunatcharsky, dentro de la estupenda labor de salvar al pueblo de la ignorancia. En fin,
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todos los hombres que conjuncionados por un mismo ideal han llenado, y siguen llenando, su cometido vital y creador.
Completar el libro nos da muchas noticias dispersas que tenemos sobre la Nueva Política Económica, las luchas ideológicas en el partido comunista, sobre el XIV Congreso y las preocupaciones actuales de los hombres rusos; el problema campesino, en síntesis, el problema planteado desde el elaborar de los tiempos modernos, entre la ciudad y el campo.
En sus apuntes sobre la vida ciudadana es muy interesante que Goldsmith, por ejemplo. En cambio contiene apreciaciones y noticias sobre el Teatro internacional. Del movimiento literario, no solo informa acumulando citas de autores y obras, sino que traduce al castellano versos de Wladimir Mayakowsky, Ana Achmatova y Yessenin y Alejandro Blok. Coincide con Trotzky—de quien cita su libro “Literatura y Revolución”,—en constatar la esterilidad actual de los escritores rusos. Piensa que resulta difícil explicarse el silencio del genio literario ruso, ya que la dificultad material de la falta de papel ha cesado. Las palabras de Tatiana Tolstoy le parecen aclaratorias. Esta escritora le dijo en una ocasión: “Tenemos todavía la sangre del desierto, y nos recuerda tan pronto la capacidad de ver más allá del dolor personal inmediato”. “Para el visitante extranjero el choque es distinto que para nosotros que hemos vivido aquí todos estos años. Hay que alejarse un poco del incendio para apreciar en toda su magnitud. Ya se anuncian unos cuantos escritores de empuje…”
Se nota, apesar del esfuerzo que hace el escritor por comprender—esfuerzo que tiene en muchos casos amplia retribución—la dificultad, la disimilitud de su alma española con la rusa. No se explica claramente esas contradicciones, ni ve aparentemente la revolución bolchevique. Regaña muchas veces sobre la persistencia en las discusiones políticas, injustamente. La política entendida en su alto y cabal significado no es retórica vacía, ni caciquismo, ni burocracia. Es ante todo, como lo ha dicho Mariátegui en su ensayo sobre Barbusse, en estos tiempos tormentosos, una noble actividad creadora. La política es el ejercicio de la voluntad del hombre hacia la organización de la vida social por cauces más justos y generosos.
Alvarez del Vayo insiste persistentemente en el nacimiento de una nueva alma, alma encantada que diría Romain Rolland producida por la Revolución. El optimismo de las nuevas generaciones forjadas en las tragedias de la acción y del dolor tiene que ser, según él, desconocido en los demás pueblos europeos.
Quiero terminar estas glosas con las mismas palabras que termina el autor su libro. “Concebido como simple libro de impresiones, hemos rehuído desde un principio cuanto pudiera dar la sensación de que aspirábamos a definir la revolución rusa o a anunciar el porvenir que la historia le tenga reservado. Una cosa sin embargo, nos parece evidente e innegable: gracias a la revolución, Rusia habrá recorrido en veinte años una etapa de progreso que difícilmente hubiese alcanzado bajo el zarismo”.
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