Orígenes y formación de un joven excepcional
Felipe Santiago Salaverry nació el 3 de mayo de 1806 en Lima, en el seno de una familia de buena posición social. Su padre, funcionario de origen peninsular, y su madre, perteneciente a una reconocida familia criolla, le brindaron un entorno que combinaba educación, disciplina y acceso a los círculos ilustrados de la capital.
Desde joven mostró una notable capacidad intelectual. Estudió en instituciones de prestigio donde se formó en gramática latina, retórica, lógica y matemáticas, disciplinas que marcaron su carácter metódico y su estilo directo. Ese talento temprano convivió con un impulso decidido hacia la acción: con apenas catorce años abandonó el hogar para unirse al ejército patriota en el efervescente contexto de la independencia.
️ Un ascenso militar meteórico
Entre 1820 y 1834, Salaverry desarrolló una carrera militar fulgurante. Participó en la campaña de la sierra central, en operaciones en el Callao y en las batallas de Junín y Ayacucho, hitos fundamentales para la independencia del Perú. Su disciplina, valentía y capacidad para comandar tropas lo llevaron a obtener ascensos rápidos, hasta alcanzar el grado de general de brigada siendo aún muy joven.
Esa combinación de intelecto, arrojo y liderazgo lo convirtió en una figura irresistible para los sectores militares que buscaban orden en un país sacudido por frecuentes pronunciamientos y vaivenes políticos.
️ Camino al poder en medio de la anarquía republicana
Después de la independencia, el Perú atravesó una etapa de profunda inestabilidad, con múltiples gobiernos que se sucedían entre golpes militares, tensiones regionales y disputas caudillistas. En ese escenario Salaverry emergió como un jefe carismático, identificado por muchos como un prometedor restaurador del orden.
El 22 de febrero de 1835, aprovechando la ausencia de autoridad en Lima y la debilidad del gobierno de Luis José de Orbegoso, protagonizó un golpe de Estado. El 25 de febrero se proclamó Jefe Supremo de la República, basando su poder en el respaldo militar, en sectores conservadores de la capital y en parte de la élite comercial.
Su llegada al gobierno fue vista por algunos como una solución temporal al caos; por otros, como una ruptura más en la ya frágil legalidad republicana.
️ Un gobierno breve, intenso y centralizador
El mandato de Salaverry (1835-1836) se caracterizó por medidas rápidas destinadas a afirmar la autoridad del Estado. Entre sus principales acciones destacan:
- Reorganización militar, con depuración de oficiales adversos y consolidación de mandos leales.
- Reformas fiscales, orientadas a incrementar ingresos, ordenar las aduanas y eliminar impuestos considerados discriminatorios.
- Medidas de control político, incluida la disolución del Congreso y la represión de conspiraciones internas.
- Reformas educativas básicas, con la creación de escuelas primarias en provincias.
Aunque algunas de estas medidas buscaban fortalecer la institucionalidad, el estilo de gobierno fue percibido como autoritarismo militar, reforzado cuando en diciembre de 1835 convocó un Congreso adicto que lo ratificó como Presidente Constitucional.
La amenaza externa: Santa Cruz y la Confederación Perú-Boliviana
La figura decisiva en el destino de Salaverry fue Andrés de Santa Cruz, líder boliviano que impulsaba la creación de la Confederación Perú-Boliviana. Este proyecto, apoyado por facciones peruanas enemistadas con Salaverry —entre ellas la de Orbegoso—, planteaba una reorganización política regional que muchos veían como una pérdida de soberanía para el Perú.
Salaverry consideraba la Confederación como un riesgo real de fragmentación territorial. Su postura era clara: el Perú debía preservar su unidad e independencia, incluso si eso implicaba enfrentar una fuerza militar superior.
Con la intervención de Santa Cruz en territorio peruano, el conflicto interno se transformó en guerra abierta.
️ Campaña militar, derrota y captura
En enero y febrero de 1836, Salaverry condujo una campaña decisiva en el sur del país. Obtuvo una victoria inicial en Uchumayo, demostrando todavía su genio militar. Sin embargo, la situación estratégica era desfavorable: falta de recursos, tropas diezmadas y un enemigo con mayor capacidad logística.
El 7 de febrero de 1836, en la batalla de Socabaya, su ejército fue derrotado por las fuerzas confederadas. Tras intentar reorganizarse en el norte, Salaverry fue capturado poco después, víctima también de deserciones internas en sus propias filas.
Su caída fue fulminante: de jefe supremo con ambiciones de consolidar el poder, pasó a prisionero en manos de sus adversarios.
️ Juicio, ejecución y final trágico
Salaverry fue sometido a un juicio militar sumario. Aunque defendió su legitimidad argumentando que actuó para preservar la unidad nacional, la sentencia estaba sellada de antemano: fue condenado a muerte.
El 18 de febrero de 1836, con tan solo 29 años, fue fusilado en Arequipa. Su muerte a edad tan temprana lo convirtió en uno de los gobernantes más jóvenes —y efímeros— de la historia peruana.
Sus últimas palabras, recordadas aunque teñidas de interpretación, reforzaron la imagen de un militar convencido de su causa, que enfrentó la muerte con firmeza y sin renunciar a la idea de haber servido a la patria.
Un legado controvertido y profundamente simbólico
La figura de Salaverry ha sido objeto de lecturas muy distintas a lo largo del tiempo:
- Para algunos, fue un caudillo impulsivo, cuyo golpe de Estado agravó la inestabilidad del país.
- Para otros, fue un patriota decidido, último defensor de un Perú unitario frente a la Confederación.
- En la historiografía moderna, se le analiza como un producto de su época, donde el poder militar llenaba el vacío institucional dejado por la independencia.
Lo cierto es que encarna las tensiones centrales de la temprana república: la dificultad de construir un Estado fuerte, la lucha por definir una identidad nacional y la fragilidad de las instituciones ante la presión de los caudillos.
Salaverry representa, así, la promesa y el drama de una generación que heredó la independencia, pero no la estabilidad. Su vida y muerte condensan las aspiraciones, contradicciones y heridas de un Perú que buscaba su rumbo en medio de guerras internas y desafíos externos.
Síntesis final
Felipe Santiago Salaverry fue un militar brillante y un líder precoz, capaz de ascender en tiempo récord y de asumir la conducción del país en plena tormenta política. Su gobierno fue tan breve como intenso; su derrota, tan rápida como inevitable; y su muerte, tan simbólica como trágica.
Hoy su figura permanece como un recordatorio de las complejidades fundacionales del Perú republicano: un país que todavía luchaba por definirse mientras sus dirigentes buscaban, entre tensiones e incertidumbres, un destino común.