Ficha de la pieza
- Fecha de publicación: 1957
- Editorial: Editorial Assandri
- Lugar de publicación: Córdoba, Argentina
Texto íntegro
Cada uno de nuestros enfermos es un ser humano que ha atesorado en su existencia, de una manera u otra, un acervo incomparable de experiencias propias que lo hacen un individuo y lo dotan de características personales inconfundibles. Cada hombre que se acerca a nosotros buscando ayuda es un ser único que nos presenta, al lado de la maravilla de su cuerpo, un espíritu lleno de ese misterio personal que lo hace él y no otro y que sólo se puede apreciar si nos aproximamos a su vida con cariño y respeto.
Practicar la medicina tratando de aplicar indiscriminadamente los conocimientos biológicos a todos los pacientes es, no sólo falta de espíritu médico – humanidad y solidaridad- sino mengua de capacidad científica y sobra de irresponsabilidad.
Cada vez que enfrentes un enfermo, trata de estudiarlo, sí, pero también de comprenderlo. Piensa que la enfermedad no es un hecho aislado que puede apreciarse como tal, sino un episodio en su vida – que se refleja, toda ella, en el padecimiento- y que, a su vez, este cambia completamente la realidad de su existencia. Piensa que tú vas, no solamente a modificar en alguna forma el funcionamiento de su cuerpo, sino a cambiar, quizás definitivamente, la orientación de su personalidad; piensa que te trae, no sólo su dolor, sino su angustia, no sólo su mala función vital, sino su desesperación.
Recuerda que ese ser humano que ante ti se encuentra ha edificado un existir lleno de parecidas vivencias a las que encontraste en el tuyo propio, que ha gozado y sufrido, que ha amado y odiado y que en su envoltura materia esconde un mundo que no puede ser desconocido y que involucra, no solamente su existencia, no solamente la de su familia y allegados, sino la de la sociedad y la tuya misma. En último análisis, es absurdo pretender que somos capaces de vivir aislados ya que, en una forma u otra, estamos ligados a la existencia de cada ser que nos rodea y a la de la humanidad que nos anida. Repítete parafraseando la oración famosa "Soy médico y, por lo tanto, nada humano puede serme ajeno".
Esto significa que no puedes descuidar el análisis de tu posición ante la vida. No me refiero por supuesto, a una posición de "escuela" o a un profesionalismo filosófico. Me refiero a los conceptos fundamentales que, consciente o inconscientemente, guían la existencia de cada uno de nosotros y que, voluntaria o involuntariamente, colorean nuestras actitudes y moldean nuestras palabras. Nos movemos hacia un norte, reaccionamos de acuerdo con una profunda concepción de la existencia que, puede no sernos consciente, pero no por ello, es menos decisiva y, como médicos, querámoslo o no, transmitiremos a nuestros pacientes las convicciones que informan nuestro actuar.
Debemos, pues, tratar de hacerlas claras y de analizarlas para saber si son merecedoras del papel que la actividad diaria les asignará. En los párrafos que siguen vas a leer lo que veinticinco años de médico me han enseñado, lo que creo, lo que siento y lo que aspiro. Con muchas cosas no estarás de acuerdo. Enfréntate a la vida y, si ella te apoya, corrígeme, mejorándome. Ningún maestro puede considerarse tal si no es sobrepasado por sus discípulos y ningún padre ha cumplido su misión si no es superado por su hijo.
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