Ficha de la pieza
- Fecha de publicación: 1957
- Editorial: Editorial Assandri
- Lugar de publicación: Córdoba, Argentina
Texto íntegro
Hay algo más aún. Hasta esta revolución psicológica, el médico se había dedicado a conocer al hombre "desde afuera" y, por eso, se colocaba frente al enfermo como frente a un objeto de estudio que debería analizar en sus partes para estudiar, en lo posible, cada una de ellas aislada y exhaustivamente. No quiero decir que los médicos fueran ciegos ante los factores de integración, pero los enfrentaban también con la actitud "científica" del que trata de comprender una complicada maquinaria. Esa "actitud científica" los obligaba a ser "objetivos" y a eliminar todo factor que no pudiera ser "visto" y analizado. La medicina era una actividad visual. Es la orientación moderna, que partiera del psicoanálisis, la que la convierte en una actividad auditiva. Con el punto de vista psicosomático los médicos descubren que, al lado de la observación que los colocaba frente al enfermo "desde afuera", debe darse importancia a las informaciones que llegan "desde adentro" y que obtienen, no mirando, sino oyendo; empieza a comprender que es tan importante lo que el enfermo nos dice como lo que nos muestra y aparece en el horizonte medico una nueva dimensión: la intimidad del hombre, su humanidad.
Este paso devuelve a la medicina la prestancia perdida y la coloca nuevamente en su verdadera perspectiva. No se trata ya, como dijera, de arreglar una máquina descompuesta – las máquinas no tienen intimidad – ni de aliviar el sufrimiento de un animal- los animales no hablan-sino de acercarse a un semejante y saber, a través de la palabra, de su vida íntima, que pasa a ser tan importante como su fisiologismo. El oír al enfermo, más que al hablarle, informa la tarea médica de hoy. Porque el hombre es, fundamentalmente, historia. El hombre no puede ser comprendido si no se le considera- ya lo han dicho los filósofos – en función del tiempo, de la evolución, del devenir. El enfermo no es el ser que enfrentamos en la consulta, sino el que ha venido haciéndose a lo largo de los días y ha venido siendo a través de la vida. Su enfermedad no tiene sentido si no se le entiende como una parte de su biografía y su tratamiento no tiene justificación si no se dirige a ese hombre que lleva detrás todo su tiempo y que tiene ante sí, irrenunciablemente, todo el tiempo.
Pero eso nos obliga a dar un paso cuyas consecuencias son inmensas: a introducir en la teoría y la práctica, toda la problemática humana; a, si queremos ser médicos de verdad, preocuparnos no solamente por las funciones cardíacas, hepáticas o renales de nuestros enfermos, sino también por sus pensamientos, sus deseos y sus temores. No crea, pues, una nueva tarea y una seria responsabilidad.
Quiero que te des cuenta de lo que eso significa. Debido a esta orientación de su actividad, el medico se coloca nuevamente en una situación incomparable y sus actitudes y opiniones pueden influir decididamente muchas vidas. Debes, pues, detenerte a pensar y a dar a aquellas toda la importancia que les dan lo seres que entrarán en relación contigo a lo largo de tu vida profesional.
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