¿Por qué somos médicos?

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¿Por qué somos médicos?
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📚 Forma parte de:
  • Fecha de publicación: 1957
  • Editorial: Editorial Assandri
  • Lugar de publicación: Córdoba, Argentina

📝 Texto íntegro

¿Qué es lo que nos lleva a los médicos a entregar la vida a nuestra profesión? Si pudiera responderse a esta pregunta se habrían solucionado los más serios problemas, al asegurar, no solamente su ejercicio recto y cabal, sino la felicidad de quienes a ella se dedicaran.

Superficial es despreciar o ignorar motivos como la creencia de que la medicina es una forma de ganar dinero fácilmente o de alcanzar un puesto destacado en nuestra sociedad. Si estos motivos existen no hacen sino traducir problemas más profundos. Si lo que a un hombre guía es la ambición de dinero o el espejismo de una posición, ello nos está indicando que ese hombre, por alguna razón que es indispensable conocer, inviste el dinero o el prestigio con valores especiales.

Más adelante trataremos de comprender ese punto de vista, pero quiero que, desde ahora, sepas que se basa en un error. A quien toma nuestra profesión como un medio y no como un fin, nada le será fácil. Encontrarás terriblemente dificultoso el pasar a través de los años de estudio y de práctica: la culminación de cada etapa será un esfuerzo sin satisfacción ni premio y, una vez obtenido el título, cada día significará una angustia, cada enfermo, un temor, y cada oportunidad, un sufrimiento. Quien quisiera ganar dinero fácilmente con la medicina se convencerá bien pronto de que no llegará a ser uno de esos “grandes médicos” que “ganan dinero a manos llenas” porque, precisamente, su afán de hacerlo mutilará sus posibilidades y porque su manera de enfrentar los problemas de la profesión lo derrotará día a día y hora a hora.

Será como el que se casó por interés y se encuentra con que su consorte, a la que no sabe amar, le pide mucho, lo esclaviza sin piedad y no le da nada de lo que aspiraba.

Pero aún, si lograra esos propósitos, llorará su fracaso, más definitivo porque comprobará dolorosamente que el "éxito" no es sino un espejismo; que, con cada paso adelante, una nueva inquietud, una nueva insatisfacción, una nueva angustia lo atenazan. Lo que da la felicidad no es sino la paz interior, la sensación de que hemos cumplido con nosotros mismo y que nos hemos realizado en ese mundo de los valores, distinto y superior al de las satisfacciones inmediatas.

Puede la psicología dar cualquier nombre a esa necesidad que el hombre tiene de estar de acuerdo con lo mejor de su Yo, pero es una verdad —que comprobarás paso a paso— que no se puede ser feliz sin estar en paz consigo mismo y que no se puede estar en paz consigo mismo si no se vive de acuerdo con verdades que trascienden la realidad de todos los días, la necesidad de todos los días, la satisfacción de todos los días y se extienden hacia un mundo inmenso de proyecciones extraindividuales, más allá del Yo mismo, aun “nosotros” inmenso y eterno.

Otros hay que se acercan a la medicina por razones distintas. Una de ellas es la curiosidad. Deseo de saber, ansias de descubrir, pasión por lo desconocido de la vida y la muerte, atracción del misterio de crear y descubrir, afán de encontrar una respuesta a los mil interrogantes que desde niño espolean la inquietud investigadora y nos rodean con enigmas insondables e inquietantes. La niñez está llena de ese impulso a encontrar respuesta a las preguntas que cada día suscita la realidad que nos rodea. ¿Qué soy? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? ¿Qué es nacer, qué es morir? Si la natural curiosidad del niño no es satisfecha, si se reprimen sus intentos de averiguar, de encontrar una respuesta; si, en lugar de dar la información, se frena la inquietud, cerrando sus posibilidades, o sublimarse hacia el camino luminoso de la curiosidad científica y, principalmente, la que trata de hallar respuesta a los enigmas básicos. Y el niño, joven después, cree que el médico, dueño de la vida y de la muerde, es el que posee ese conocimiento. Para él es un ser omnipotente. Cura o mata; quita el sufrimiento o hace sufrir; domina la escena cada vez que aparece y su palabra es orden. Se une, pues, al deseo de saber, el ansia de poder, y esas dos fuerzas puede enmarcar una vocación.

Y hay quien quiere ser médico para ayudar a los hombres. Ayudar a los hombres efectivamente; quizás es el médico quien más puede ayudar. Pero, ¿qué clase de ayuda es la que ofrece? ¿Cuál es su real papel en la sociedad y en vida?

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