Nuestro frente intelectual: Mensaje de Haya de la Torre para “Amauta”

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Nuestro frente intelectual: Mensaje de Haya de la Torre para “Amauta”
👤 Haya de la TorreAutor
Ensayos
📚 Forma parte de:
  • Fecha de publicación: Diciembre de 1926
  • Páginas: 2
  • Lugar de publicación: Lima, Perú

📝 Texto íntegro

NUESTRO FRENTE INTELECTUAL

MENSAJE DE HAYA DE LA TORRE PARA “AMAUTA”

Londres, 2 de noviembre de 1926.

Querido compañero Mariátegui:

Al volver esta noche de París, donde queda fundado y en pleno trabajo el grupo de jóvenes peruanos que van a dirigir las actividades de la P. R. A. en Europa, me he encontrado con el primer número de AMAUTA que es el mejor mensaje que yo podía haber deseado por parte de la sección de los trabajadores intelectuales del Perú, militantes en nuestro gran frente de acción, que, con los trabajadores manuales, va a conquistar para el país los caminos de la justicia.

Había deseado vivamente ver organizada, disciplinada y definida la vanguardia de los intelectuales y artistas peruanos que marchan con nosotros. La obra de automía y de agrupación que cumple AMAUTA ha sido difícil. Dominados los campos intelectuales del país por la mentalidad “oficial” hecha por la clase dominante cuya expresión política es genéricamente el “civilismo”, hemos tenido una ciencia, una literatura, una historia y unas letras “civilistas” representadas por valores de segunda mano, por repetidores, por glosadores, por retóricos o por falsificados intelectuales. Digo falsificadores para referirme expresamente a los monopolizadores de la Historia en el Perú que no han hecho sino engañar a las generaciones jóvenes presentando disminuida y desvirtuada —no por patriotismo, porque nunca lo han tenido, sino por solidaridad de clase, por complicidad de oligarquía— la realidad histórica peruana, justificando lo conquistado, desacreditando la raza indígena, excusando su opresión y escondiendo la vergüenza del fracaso del “civilismo” en todos los campos durante esta desgraciada época republicana, sucesión de desastres, desde los peculados del guano hasta nuestra entrega al imperialismo yanqui.

EL “CIVILISMO” Y LA INTELIGENCIA

El “civilismo”, cuyo colapso final se inició con su fraccionamiento hace siete años y cuyos postreros días estamos viviendo, ha defendido sus posiciones políticas, que han sido posiciones económicas de clase, desde la caída del caudillismo militar, dominando todas las actividades y ejerciendo no solo dictadura política sino económica. Cuando la Revolución Universitaria de 1919, la juventud se alzó contra el anacronismo educacional y contra la tiranía docente que el “civilismo” ejercía en la Universidad desde que tomó el poder político. Nuestro movimiento, precursor del sacudimiento nacional que ha de libertarnos algún día, coincidió con la lucha interna del “civilismo” político, con la derrota de su fracción aristocrática y el odio despiadado de los bandos. Tácticamente, la juventud venció en el Perú aprovechando esas circunstancias y conquistó con el triunfo de la Revolución Universitaria a fines de 1919 la primera avanzada. El intelectualismo “civilista” aferrado en San Marcos, sufrió entonces un rudo golpe y muchos ídolos se hundieron en sus pedestales de barro. Nuestro segundo paso fue la formación de las Universidades Populares González Prada, y para culminar con la derrota del civilismo intelectual, nuestra actitud frente a la panacea que el orador Belaúnde rompió sus sueños y los ídolos del “futurismo” civilista ante la venida de las fuerzas de la fracción dominante en la Universidad, en 1921.

La división final del “civilismo” hace siete años, sin toma de reglamento y de senilidad, ha tenido la misión histórica de facilitar el avance ya invencible de las fuerzas nuevas. En la lucha amarga y odiosa se arrancaron las máscaras. Los que hemos asistido a esta etapa postrera de la clase dominante en el Perú apreciamos la misión histórica de ese fraccionamiento, de esos odios interiores, de esas cubiertas mutuas, para la nueva generación peruana, para el pueblo, para la nación una palabra, estos siete años han sido memorables por su enseñanza. En el campo intelectual han tenido una repercusión inmensa. Hemos visto en el crisol implacable de la realidad todos los valores puestos a prueba y nada queda ya de un lado u otro que no sea restos de un poder que ha pasado o que avancen sobre los caminos abiertos en las ruinas, librándonos de los obstáculos que queden, los abanderados de los tiempos nuevos.

PRADA Y PALMA

Mientras domine el “civilismo” unido y fuerte, la dictadura intelectual, como la política, fue más tranquila aparentemente, por ser más sólida y más segura, sin dejar de ser implacable con los insumisos. Por eso nos explicamos rebeliones aisladas y admirables. Nos explicamos la soledad magnífica de González Prada cantando su rebeldía en todos los tiempos, protestando contra la tradición del “civilismo” que arrastró al pueblo a la guerra y a la derrota y que huyó vergonzosamente dejando al Perú abandonado; protestando contra la injusticia social que el feudalismo civilista ha continuado desde el coloniaje en un efectivo neo-godismo económico y político hasta el día; protestando contra la opresión del indígena, contra la inmoralidad política, contra todo ese Perú de la clase dominante en la que basa su poder el gamonalismo. Nos explicamos también a Palma, hijo del pueblo, haciendo de su gracia y su ironía, de su festividad que ocultaba a las veces tanta amargura, tanto dolor, un arma formidable contra el pasado ridículo de coloniaje, de esclavitud, de su misión dichosa. Pero como a Prada y a Palma el “civilismo” intelectual no podía vencerles, se entregó a dividirles o a empujarlos el uno contra el otro. Hombres eran, y tiempos aquellos del poder de la intriga y la apoteosis de la “viveza criolla” virtud civilista fundamental. El último ataque no dio en vano. Palma y Prada en la Biblioteca Nacional arrojó a una de las más destacadas manifestaciones de la viveza que en la fracción opuesta culminó en una edificación del ilustre autor de las Tradiciones, edificación que decía a las claras: “no te hacemos dios a ti sino demonio al otro”. Ni Palma ni Prada escaparon al ambiente y a la presión del jesuitismo dominante en las filas civilistas. Pero no importa. Nosotros hemos rescatado a Prada, arrancándolo de los chauvinistas del civilismo para entregárselo a la Nación que es el pueblo. Lo mismo haremos con Palma, y he aquí una de las tareas de ustedes: arrancarle la interpretación civilista, librar su memoria de la maliciosa apropiación del espíritu rebelde de su obra, y entregarlo también a la Nación, que el pueblo, al lado de Prada, como intelectuales revolucionarios precursores de nuestra gran causa del presente.

NUESTRA REVISIÓN DE VALORES

Los trabajadores intelectuales, los literatos, los artistas, los críticos, los poetas de vanguardia tienen que cumplir esa tarea comenzada de revisión de valores, que exige libertad, sinceridad y justicia, porque es necesario librarnos de todos los errores y falsedades que se han petrificado en prejuicios acerca de ciertos valores del pensamiento peruano. Usted, compañero Mariátegui, ha comenzado esa tarea que hay que intensificar y engrandecer. Hay que revisar la ortodoxia del civilismo intelectual y derribar sus ídolos, sacando del “Index” a muchos valores por populares y por ende nacionales legítimos, que el civilismo intelectual condenó. Usted ha comenzado esa tarea con Valdelomar, con Gamarra, con López Albújar, con Valcárcel, con Vallejo y con muchos fuertes y admirables valores literarios y artísticos de nuestras provincias que el civilismo desprecia, porque siente que ahí está más el Perú verdadero, el Perú auténtico, el Perú de los que sufren y de los que trabajan, el Perú que está surgiendo hoy en la conciencia de los productores y cuyas aspiraciones profundas expresa nuestro Frente de Trabajadores Manuales e Intelectuales.

LITERATURA Y POLÍTICA

Notará V. que en todo instante relaciono el movimiento intelectual con la política. No debe extrañar el hecho simplemente porque sepa que soy estudioso de cuestiones políticas y económicas y soldado y obrero de una causa de reivindicación social a cuyo programa he entregado mi vida.

No soy literato ni pretendo serlo, pero en mis cansancios de estudio o en mis fatigas de lucha busco casi siempre reposo en la literatura, particularmente en cierta literatura fundamental. Leyendo así lentamente he llegado a hacer pasar bajo mis ojos muchos, muchísimos libros literarios y he llegado a formarme un juicio político del valor de ella, o explicándome mejor, he llegado a encontrar que lo político en la literatura es uno de los más decisivos factores, si no el que más, en el poder de eternidad de las grandes obras. No quiero invadir planos que me son ajenos y menos —libreme de ello el buen juicio y el sentido de la realidad— hacer de crítico literario. Cansados estamos de ver poetas opinando en política, en nuestra América, y cayendo por ignorancia, en un confusionismo cretino y torpe. Pero así como hay una parte universal en la política que es la que los grandes genios de la humanidad han elevado a símbolos, así hay en la literatura lo universal, la comprensión de ese simbolismo, que no nos está vedado. Dentro de esos límites me muevo y es dentro de ellos que me permito opinar, desde mi lado, sobre el factor político en la literatura. Repito que no trataré nunca de entrar a ser literato o crítico “militante” porque creo que hay que acabar con el diletantismo y hacer obra de especialización, de definición entre la nueva juventud de América y repito que el mayor ejemplo del fracaso de esas intromisiones audaces de ciertos poetas en los campos de la política —que es ciencia y ciencia difícil— ha dado como resultado casos de opiniones y hechos controversiales, enredo lamentable que no han salido por los caminos de la lógica, se quiere ir al otro extremo. Y vuelvo a mi tema sobre la interpretación política de la literatura. En el prólogo de la reedición de “The Sanity of Art” la célebre carta de Bernard Shaw a Mr Tucker, a propósito del libro nihilista de Max Nordau, “Degeneración” o “Entartung” para tomar el preciso e intraducible vocablo alemán, Shaw escribe algo que no puedo olvidar y que traduzco aquí: “El periodismo (en el original: journalism, darismo, periodismo) puede reclamar el derecho a ser la más alta forma de literatura; por todo lo demás falta armonía y equilibrio, es periodismo. El escritor que se propone producir la frivolidad de que su obra no es para una edad dada sino para todos los tiempos tiene su recompensa en que es ilegible en todas las edades”. Platón y Aristóteles llamando en algún sentido a Atenas de su tiempo; Shakespeare poblando aquella misma Atenas con mecánicos isabelinos y cazadores de Warwickshire, Ibsen fotografiando los médicos y los sacristanes de una parroquia noruega, Carpaccio pintando la vida de Santa Úrsula exactamente como si ella fuera una señora que vive en la calle próxima al teatro esta en todavía viva en casa y el cadáver parece; tienen tras de sí el polvo y las cenizas muchos miles de pundonorosos académicos, correctos hombres de letras y artes desde el punto de vista arqueológico que emplearon sus vidas evitando orgullosamente de caer en la vulgar obsesión del periodismo efímero. Yo soy también un periodista orgulloso de serlo y cuido de cortar en mis obras todo aquello que no sea periodístico. El periodismo vivirá con la literatura o será de algún uso mientras ella viva.

(Pasa a la pág. 7)

(Viene de la pág. 4)

…su formidable sentido escénico, de su teatralidad y de su fuerza trágica en sí, no atrae tanto como aquel Richard III cuya interpretación política parece existir en una especie de desplazamiento de la técnica individual y diabólica de dominación del hombre a la técnica diabólica de la política colectiva de la burguesía de estos días. El mercader de Venecia, Julio César, el rey Juan y muchas otras tienen un simbolismo político actual que se siente vivo en nosotros. Pasando brevemente, he de decir que Shylock es para mí el mejor símbolo literario de la técnica financiera del imperialismo yanqui.

¿No es la literatura rusa una literatura política? Tolstoy, Gorky, Dostoyevsky y desde Gogol todos los grandes escritores reflejan la Rusia pre‑revolucionaria reflejan la tragedia de la opresión de su pueblo. De la opresión política y económica. Política porque es económica y económica porque es política. No es preciso sin duda, detenerse en este punto ni recordar a Pushkin, el Walt Whitman ruso. La eternidad de esa literatura está en su inspiración política y su universalidad está justamente en su reflejo “periodístico”, diría Shaw, de la realidad del momento y del ambiente rusos. Porque la paradoja maravillosa de la literatura rusa es que siendo la más nacional de todas las contemporáneas quizá, porque ruso es todo, ambiente, personajes, problemas, en la literatura rusa, es la más universal. Si Dostoyevsky hubiera hecho cuentos de boulevard o novelas con escenarios italianos o ingleses, no sería tan internacional sin duda.

Me detengo ahora en las literaturas contemporáneas, en los valores de este tiempo: Anatole France es un literato político. Sus obras están hechas todas sobre problemas políticos más o menos actuales. Romain Rolland es otro militante político, amén de militante, y Bernard Shaw —periodista como él se llama eminentemente político— sin duda alguna y el más político de todos. Recordemos César y Cleopatra, sátira maravillosa contra el imperialismo inglés; recordemos Androcles y el león; las islas de John Bull; Los Incas de Périsallen, Santa Juana, Vuelta a Matusalén, Hombre y Superhombre, y recordemos que las obras de Shaw mismas políticas, como La Profesión de Mrs Warren, —censurada por cuarenta años— no despertarán tan intensos intereses como aquellas, porque si la profesión de Mrs Warren fue un escándalo en los tiempos victorianos, hoy en día hay miles de Mrs Warren por las calles de Londres. Prácticamente, el problema ya no es problema, aunque tenga cierto valor de propaganda sobre la clase media.

Me detengo en los ejemplos pasando por alto muchos otros especialmente franceses de Victor Hugo a Barbusse. Concluyo repitiendo que esta opinión es para expresarse en un libro, más que en una carta y que mientras tuviera tiempo de escribir el libro, va la carta, pero insisto en creer que la literatura sin inspiración política, en el alto sentido universal y eterno del concepto, es la literatura sin eternidad, desde las “Novelas Ejemplares” hasta “D. Juan Tenorio”, y “Cabrita que tira al Monte”. Y de Darío, repetiremos siempre su Canto a Roosevelt más que aquello de

“La princesa está triste…”

Con ese sentido o punto de vista político, que simplemente esbozo en estas líneas, sugiriéndolo más bien que planteándolo de una manera formal, he encontrado el valor o el más alto prestigio de la obra de Palma, como una crítica formidable a la época colonial, a pasado todo, que la interpretación “civilista” de la literatura del Perú “independiente” torció, por saberse parte de ese pasado, interpretándolo como un “manirquismo” negativo y burgués. No sé si en “Contra Esto y Aquello” —un libro de Unamuno— se le calificaba a Palma como uno de los primeros ironistas sino el primero de la lengua. Estoy casi cierto de que lo llamaba el primero pero absolutamente seguro de que lo llamaba ironista. ¿Qué ironiza Palma? Ironiza la época que pinta, como Voltaire, como Bernard Shaw, como France. Ironizar ¿no es una forma de crítica o más bien de atacar? Unamuno —que ha escrito también un elogio breve y memorable para la obra de González Prada— ha dado a Palma su verdadero calificativo y lo asocia con todos los grandes ironistas de la literatura que fundamentalmente menciono y que son fundamentalmente ironistas políticos pues por eso se les llama revolucionarios.

LA MISIÓN DE “AMAUTA”

El tema, sugerente en sí, me ha llevado a extender demasiado esta carta. Quiero cortarla con mi saludo más fraternal a los trabajadores intelectuales de vanguardia que se agrupan en el movimiento de AMAUTA a su vez incorporado a nuestro Frente de acción renovadora en el Perú y América, que representa la A. P. R. A. No pretendo invadir planos que me son ajenos, pero siendo la inspiración general de nuestra obra en el Perú reivindicar, ustedes tienen una gran tarea a realizar: reivindiquen la historia, la literatura, el arte verdaderamente peruanos y arrojen lo que en ellas hay de impuesto, de artificioso, de burgués. Reivindiquen el Perú incaico, la gloria y la eternidad del poder civilizador del más avanzado estado comunista de la antigüedad, y reivindicando al Perú incaico, en su arte, en su tradición, en su cultura, nos ayudarán a justificar la reivindicación política y económica de las razas indígenas alma de la América del Sur. Reivindiquen lo que hay en el Perú popular, en el Perú de los productores, en el Perú de las sierras olvidadas. Reivindiquen a los escritores y a los artistas provincianos, víctimas de todos los desprecios del “civilismo intelectual”. Y al reivindicar lo que hay de fuerte y auténtico en el Perú intelectual, derroquen las aristocracias de la intelectualidad de la clase dominante, sean implacables con todos los dioses falsos de ese olimpo de cartón piedra.

Y una palabra final: que se haga, que se forme, que se expulse aquello que en una carta al escritor chileno Edwards Bello llamaba hace poco, en “Repertorio Americano”, la literatura económica. En el Perú hasta hoy se ha llamado intelectuales a los literatos o a los poetas o a los repetidores de autores extranjeros en las academias universitarias. Por eso no hemos tenido un solo economista en cien años de desgraciada “república” y por eso nos entregamos cruzados de brazos al imperialismo yanqui. El movimiento de AMAUTA debe ser la tribuna de todos los trabajadores intelectuales incorporando y dignificando dentro de él al poeta y al maestro de escuela, al médico, al estudiante de economía, al historiador, al profesor universitario moderno. Esa impresión me ha dado el primer número que tengo ante mí y por eso repito que debe ser tribuna.

¿El Perú será en el futuro el punto de avanzada de la nueva América unida por el brazo de los trabajadores manuales e intelectuales y libre de las antiguas conquistas y de las traiciones interiores que hoy la corroen? Creo que sí. Una vanguardia juvenil de obreros e intelectuales, de campesinos y estudiantes proscritos ha llevado a veinte pueblos hermanos la buena nueva desde 1923. Nuestro primer puesto en esta etapa precursora debe ser mantenido y fortalecido en el periodo realizador. De ahí que siempre sea nuevo el grito revolucionario de las vanguardias libertadoras del Perú:

“Trabajadores Manuales e Intelectuales de América:
formad el Frente Único de la Justicia”.

Abraza en V. a los que son nuestros camaradas de acción en el movimiento de AMAUTA.

HAYA DE LA TORRE

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