No puede un ciego conducir a ciegos

📘 Ficha de la pieza

No puede un ciego conducir a ciegos
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  • Fecha de publicación: 1957
  • Editorial: Editorial Assandri
  • Lugar de publicación: Córdoba, Argentina

📝 Texto íntegro

Y he aquí que, si el médico va a ayudar a los hombres a ser sanos en ese sentido, debe él mismo ser un hombre sano. No puede un ciego conducir a ciegos. Quiere decir que es el médico el primero que debe ser capaz de crear, amar y reír.

Debes comenzar, pues, hijo mío, con un sincero examen de ti mismo; debes mirar hondo y largo en tu propio interior y responderte:

¿Eres capaz de amar? Muy niño aún para poder enfocar todos los aspectos de esta pregunta, no eres tan niño como para no encontrar en ti mismo las semillas de lo que mañana se abrirá en floración adulta.

Amar es ser en plenitud, es salirse de uno mismo y sentirse capaz de una fusión con los demás; es renunciar al Yo, es trascender el egoísmo, vivir en comunión y hacerlo activa y gozosamente, en la euforia de una suprema realización y la vivencia de un florecimiento total. Amar es, paradójicamente, cumplir nuestro destino individual, sacrificándolo; realizar nuestro Yo más auténtico, diluyéndolo; ser hombre entre los hombres y para la humanidad.

¿Sabes reír? Reír fácilmente, limpiamente, abiertamente. Y reír no sólo de lo que puede ser gracioso en los demás, sino de lo que puede serlo en ti mismo. Porque esa es la verdadera capacidad de reír. Quien no puede reír de sí mismo alguna vez, no ríe de verdad; usa su risa como un arma de agresión o de defensa, pero no la goza como expresión de límpida alegría o de noble jocundia. Quien es capaz de reír de sí mismo, es capaz de reír.

Tampoco podrías contestar con certeza al interrogante: ¿puedes crear? Pero debe ya manifestarse en tu espíritu la inquietud básica del creador, del que no está contento con la rutina, del que interroga, indaga, experimenta, del que goza cuando los fenómenos cotidianos toman una apariencia nueva y cuando su búsqueda constante consigue hacerle ver más claramente y obrar con mayor seguridad.

Si eres un hombre sano, sano de espíritu y sano de cuerpo, posees las condiciones para ser médico. Pero ello no es sino una base. Debes hacerte médico. Y no es fácil. Si reflexionas en lo que el médico es para sus semejantes, comprenderás toda su responsabilidad y que, para enfrentarla, debes estar preparado. ¿En qué consiste esa preparación? En aprender la ciencia y desarrollar el arte de ser médico hasta que ha llegado el momento y, cuando ese momento ha llegado, recién los haces suyos, los reconoce y los incorpora.

En medicina debes tratar siempre de saber. Sentirás muchas veces que no hallas cómo hacer que los conocimientos penetren en ti y formen parte de tu Yo íntimo. Entonces, trata de averiguar por qué no estás aún preparado para recibirlos y, humildemente, espera el momento en que los merezcas. Él llegará si lo buscas con recto designio, firme propósito y noble perseverancia. Y entonces, un alba nueva iluminará tu espíritu y habrás dado un paso adelante en el camino de tu formación científica.

Los conocimientos necesarios para ser médico son vastos y varios. Encontrarás algunos fascinantes y otros sin interés momentáneo. Si te acercas a todos con amor, todos te darán satisfacción.

Y quiero que tengas presente una cosa: hay una cierta tendencia a orientar al estudiante de medicina hacia lo relacionado directamente con lo que va a ser su profesión y a descuidar todo lo demás. Si piensas en lo que antes expusiera, comprenderás que, si el médico quiere realmente cumplir su misión, no puede bastarle el conocimiento puramente “médico”.

El que sólo sabe medicina, ni medicina sabe, ha dicho Letamendi. Y es que, para tener una visión amplia del hombre y de su vida, no bastan, por supuesto, las “ciencias naturales”. Son las viejas “humanidades” las que dan sabor al conocimiento. La historia, la sociología y la filosofía son complementos indispensables de la anatomía, la fisiología o la psicología. Pero al lado de aquellas importa para el médico un interés sincero por las manifestaciones artísticas. El conocimiento del arte a través de la evolución de la humanidad, sus tendencias, sus realizaciones, sus fracasos; la comprensión de lo que ha significado y significa en cada momento de la historia; el acercamiento, si es posible directo, a sus obras más notables, es indispensable para el que quiere ser médico de verdad. Es en las obras de arte donde se aprende a conocer y a amar al hombre. En nada como en ellas puede descubrirse más acerca de su naturaleza y de su vida.

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