Medicina de hombres

📘 Ficha de la pieza

Medicina de hombres
Capítulos de libros
📚 Forma parte de:
  • Fecha de publicación: 1957
  • Editorial: Editorial Assandri
  • Lugar de publicación: Córdoba, Argentina

📝 Texto íntegro

La medicina ha evolucionado mucho. Nació ejercida por el sacerdote en los templos, fue luego conjunto de medidas empíricas y siempre sufrió la influencia del momento cultural. Sus teorías se movieron con la época y, así fue "espiritualista" durante la Edad Media y "materialista" en el "siglo de las luces". Oscilo de un extremo a otro, negando hoy lo que había de exaltar mañana.

Yo me he hecho médico bajo la influencia irresistible del positivismo. Nos enseñaron medicina como podrían habernos enseñado ingeniería mecánica. Nos mostraron cómo los órganos funcionaban bien y cómo se producían desarreglos en esas funciones, desarreglos que constituían la enfermedad y a los que el médico debía poner remedio. Nos educaron en la "ciencia" y, ante los resultados de las experiencias de laboratorio y de las disecciones de anfiteatro, nos orientaron, en realidad, hacia una veterinaria de seres humanos. Los médicos de mi generación creíamos ingenuamente que el examen exhaustivo del cuerpo, no sólo con los medios clínicos, sino con la ayuda magnífica del laboratorio y de todos los procedimientos auxiliares, bastaba para darnos el conocimiento de la enfermedad y señalarnos el camino de la curación.

Los médicos de mi generación fuimos preparados para atender órganos y no hombres. "Es un hermoso caso de tumor del riñón"; "es una magnífica anemia macrocítica", nos decíamos los unos a los otros, gozándonos en las posibilidad diagnósticas que los análisis, las pruebas funcionales o las radiografía podían ofrecernos: No nos enseñaron que ese tumor del riñón o esa anemia macrocítica se desarrollaban en seres humanos, en hombres sufrientes, en semejantes nuestros que venían a buscar ayuda.

Los médicos de mi generación creíamos cumplir nuestro deber cuando habíamos agotado lodos los medios "científicos" para llegar a un "diagnóstico preciso" y emprender una terapéutica "eficaz". Pero el diagnóstico era un diagnóstico de patología orgánica y la terapéutica tenía como ideal el llevar la medicación "específica1' a la lesión local. El hombre portador de esa lesión era completamente descuidado. No interesaban como tal.

El trágico error que ese punto de vista llevaba consigo no puede ser ilustrado más claramente que con un ejemplo que el profesor Lelio Zeno me refirió una vez y que recordaré siempre. En un modernísimo sanatorio, se atendió a una muchacha con una tuberculosis pulmonar. Los médicos usaron los mejores medios diagnósticos y terapéuticos; los cirujanos realizaron sus más brillantes operaciones para eliminar lo que no podía ser salvado. El esfuerzo conjunto de un equipo de sabios consiguió la "curación" de esos pulmones que parecían irremediablemente perdidos. El caso era interesantísimo y, como tal, se decidió presentarlo a un congreso médico.

Reunióse entusiastamente la documentación y se esperaba la fecha del congreso con la seguridad de ofrecer ejemplo ilustrativo. Pero ocurrió que, unos días antes, la enferma se suicidó.

¿Habían curado los sabios colegas a este paciente? Habían indudablemente, obtenido que sus pulmones fueran nuevamente capaces de cumplir su función, habían, pues curado el órgano. La portadora de ese órgano, la muchacha que buscara ayuda fue, en todo momento, ignorada. Los médicos no creyeron, ni científico, ni necesario, averiguar lo que ocurría en. el espíritu de su paciente. Posiblemente pensaron que no les correspondía hacerlo. Y ese espíritu destruyó en unos pocos minutos todo lo que ellos habían hecho con su cuerpo. Aún vemos todos los días casos parecidos pero felizmente, las cosas van cambiando. La moderna medicina no es mas una medicina de órganos, sino una medicina de hombres. Considera como nuestro deber, no solamente el restaurar funciones, sino ayudar a seres humanos a vivir.

Todos los médicos de nuestra generación habíamos sido llevados a olvidar al hombre en medio de sus órganos, fenómeno ilustrado claramente en el ejemplo que muchas veces pusiera a los estudiantes. Frente a un enfermo, en un lecho de hospital, se habla de “un caso de hepatitis” pero, si suponemos, por un momento, que es nuestro hermano el que sufre, no será el "un caso de hepatitis", sino "Alfredo, quien padece de hepatitis". En el primer ejemplo es el órgano el que ocupa el centro de atención y al que se dirige primordialmente nuestro interés; en el segundo, es el hombre el que importa fundamentalmente y la enfermedad orgánica no es sino un episodio en la vida de ese hombre. Pensemos en todos los enfermos como en hermanos nuestros y habremos adquirido la orientación justa de la medicina contemporánea.

Esta actitud no es solamente humanitaria, ni lleva como origen preocupaciones sentimentales. Es indispensable desde el punto de vista vibran al unísono y se influyen mutuamente. No hay enfermedades "puramente orgánicas" ni "puramente psicológicas". Todas ellas muestran un funcionamiento defectuoso de la totalidad del hombre y así deben ser comprendidas.

Si eso es verdad, y ningún médico que se halle al tanto de las modernas investigaciones lo duda, constituye un deber de hombre de ciencia no descuidar ningún aspecto del problema y tener en consideración, al lado de los fenómenos fisiológicos, las alteraciones psicológicas y, al mismo tiempo que los órganos, la personalidad del individuo.

Ello significa, hijo mío, un cambio radical del punto de vista médico. Significa que no somos más ni "veterinarios de seres humanos", ni "recetadores", ni "operadores", sino hombre frente a hombres; hombres que, preparados científica y artísticamente para ayudar, ayudamos otros hombres a restablecer el equilibrio que ha perdido por un momento y los ayudamos, no solamente prescribiendo remedios o indicando operaciones, sino atendiendo problemas anímicos, equilibrando emociones y tratando de restaurar, la tranquilidad espiritual al mismo tiempo que el funcionamiento orgánico.

La tarea es difícil; infinitamente mas difícil que la de restablecer funciones alterados. Pero es también mucho mas noble. Devuelve al medico su prestancia y su papel. Le ofrece la inigualable satisfacción de ayudar a sus semejantes en el sentido mas humano de la palabra. Y, si tu quieres ayudar a los demás, debes hacerle médico de hombres y no médico de órganos.

0,0
( 0 calficaciones )
Excelente0%
Muy buena0%
Media0%
Mala0%
Muy mala0%

No hay reseñas todavía. Sé el primero en escribir una.

💡 Historias relacionadas ✨

🧠 Sin posts relacionados en este momento.