Ficha de la pieza
- Fecha de publicación: 1957
- Editorial: Editorial Assandri
- Lugar de publicación: Córdoba, Argentina
Texto íntegro
Dos grandes vías se abrirán ante tus ojos: las ciencias clínicas y las ciencias quirúrgicas. Ambas tienen atractivos ciertos y ofrecen ilimitados horizontes.
Hay en la clínica posibilidades inmensas para el hombre de pensamiento y de sensibilidad. Ser clínico es acercarse al semejante sin mas armas que el conocimiento y la inteligencia; es enfrentar los problemas que el ser humano nos presenta validos fundamentalmente de nuestra intuición más acendrada la básica, característica del artista- y nuestro más agudo razonamiento la fundamental condición del hombre de ciencia. Para el clínico un enfermo es un problema que debe resolver a base de maduro raciocinio y manejar con sutil habilidad. Debe observar cariñosamente cada detalle, pesar cada posibilidad, razonar cada hecho y relacionarlos con los demás en un tejido de operaciones intelectuales en el que construirá una obra de fina lógica y de amorosa comprensión. Basado en los datos que el examen clínico y los procedimientos auxiliares le ofrecen debe sopesar las características físicas y espirituales de ese hombre en ese momento y cada una de esas posibilidad que el conocimiento de las manifestaciones fisiológicas y psicológicas le ofrece; debe afinar su capacidad de análisis, debe seguir en su mente un camino firme de razonamiento científico y llegar a una conclusión sólo después de un trabajo de síntesis elevada que sea capaz de extraer de cada dato lo esencial y relacionarlo con todos los otros en una obra de armonía plena. Se trata de una operación intelectual de la más alta calidad; se trata de una afirmación de lo más grande que el espíritu humano posee: una capacidad mental que sólo admite comparación con la del filósofo y que es en sí misma una continua afirmación de lo verdaderamente noble en el alma del hombre.
Pero no es eso todo. Una vez llegado a la conclusión científica referente a diagnóstico, pronóstico y terapéutica, el clínico comienza recién su verdadera misión de médico. Es en la aplicación de sus resultados al enfermo, es en el manejo de los problemas que a cada momento se presentan, es en "la práctica donde se ve al verdadero clínico. Si en el proceso de arribar a una conclusión previa es el hombre de ciencia el que predomina, en la aplicación de ese resultado es donde el artista debe mostrar lo mejor de sí mismo. Tratar a un enfermo no es prescribirle medicamentos. Es algo más: es manejar un ser humano. es conducir un semejante por los caminos del restablecimiento de sus capacidades fisiológica y psicológicas, es ayudarlo a recuperar la normalidad de su funcionamiento orgánico y el equilibrio de su vida social. Y para ello, no hay que ser solamente un sabio que conozca, sino un hombre que sienta y que vibre al unísono con sus semejante, que se ponga incondicionalmente a su lado y les ofrezca, no sólo su saber, sino su amor, no sólo su cerebro, sino su corazón. El éxito de un clínico no está solamente en su habilidad para manejar conocimientos, sino, .y más, en su capacidad para manejar hombres y esa es, precisamente, su más noble obligación y su más alto papel.
Si bien el cirujano debe ser también clínico y, por lo tanto, puede a él aplicarse todo lo dicho, es otro el espíritu que informa su quehacer. Así como el clínico es un hombre de pensamiento y de sensibilidad, como características fundamentales, el cirujano es un hombre de acción. Su actividad gira alrededor del hecho quirúrgico y su obra es fundamentalmente distinta. El cirujano, más que el clínico, se siente actuar entre la vida y la muerte. Es el arbitro en cuyas manos está, en un momento, el destino de su enfermo. Tiene la suprema satisfacción de la lucha aguda de la realización inmediata y positiva, del triunfo visible y objetivable. también la sensación de dominio sobre la naturaleza y sobre la realidad que sólo pude dar el hecho de manipular entrañas palpitantes, sentir la vida latiendo entre sus dedos y ser capaz de triunfar sobre la enfermedad viéndola y arrancándola del seno mismo del ser humano sufriente.
El cirujano es también un artista, pero en otro terreno. Su goce estético está en la perfección de su cometido, en la belleza que se une a la tarea material bien cumplida, en el triunfo limpio sobre las enorme, dificultades del acto quirúrgico, en la solución justa del problema difícil a través de una técnica pura.
El clínico pocas veces tiene la sensación inmediata e indiscutible de su triunfo. Sus enfermos se recuperan lentamente y esa, misma lentitud, quita a la curación mucho de su dramatismo. El cirujano, en cambio, ve a sus pacientes perder sus síntomas, sabiendo bien el cómo y el por qué.
Ves tú, pues, las diferencias entre una y otra actividad y puedes darte cuenta de cómo cada una debe satisfacer a distintas personalidades. Estúdiate a ti mismo, trata de comprender tus reacciones y, si sigues amorosamente todos los cursos, si te acercas a todos tus buenos maestros con igual interés, bien pronto se aclarará en tu espíritu un camino y sabrás lo que quieres.
Hay algo más, sin embargo. Cada día el campo de la clínica y la cirugía "generales" va restringiéndose al ser desmembrado por la especialización. El cardiólogo, el gastroenterólogo o el endocrinólogo, entre muchos otros, han hecho suyos aspectos importantísimos de la medicina y vemos en nuestros días nacer especialidades dentro de especialidades: el médico que se dedica exclusivamente a tratar diabetes, reumatismos o enfermedades del hígado, por ejemplo. O el cirujano especializado en pulmones, riñones o cerebro y el que sólo opera tiroides o próstata. Aquí el peligro de no ver el bosque porque los árboles lo impiden es mayor aún. Mantente alerta ante él. No puede negarse que quien restringe su actividad a un campo limitado puede ser muy capaz de dominarlo mejor y de convertirse en un experto, pero ello a costa de sacrificar su capacidad de comprensión amplia, de enfoque panorámico y de consideración verdaderamente médica.
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