Ficha de la pieza
- Fecha de publicación: 1957
- Editorial: Editorial Assandri
- Lugar de publicación: Córdoba, Argentina
Texto íntegro
Hay especialidades que deben considerarse aparte porque, no sólo abarcan campos de actividad distintos, sino porque suponen una vocación especial que debe ser tomada en cuenta. Me refiero, por ejemplo, a la obstetricia, la pediatría o la neurología.
Quien quiera dedicarse a la obstetricia debe tener condiciones especiales y vocación cierta. Nadie está más cerca del misterio maravilloso de la creación y nadie es más capaz de gozar del inmenso placer de dar la vida. Por otra parte, el obstetra se enfrenta a sus semejantes en uno de los momentos más trascendentales de la existencia. Es quizás el único entre los módicos al que se busca con una sonrisa y una ilusión. Es el que mas sabe de la esperanza humana y el que más cerca se halla de la humana felicidad. Conoce la expresión luminosa del rostro maternal y la expresión preocupada y orgullosa de la faz del padre; sabe de los sentimientos menos egoístas de que es capaz el hombre.
Es también la del obstetra tarea llena de angustia y responsabilidad. Se le confía, no una existencia amenazada que se quiere que salve, como a los otros médicos, sino dos vidas humanas, dos seres rodeados, no del temor a la muerte, sino de la esperanza de la vida. El éxito es, pues, esperado y el fracaso imperdonable. De allí sus responsabilidad y su angustia; de allí su elevación y su goce. De allí que sea quizás, entre los médicos, el que sabe del agradecimiento más sincero y de la admiración mas incondicional. Nunca he oído en mi vida de médico nada mas conmovedor que las palabras de la madre de todas las madres- cuando, con el niño en sus brazos, se vuelva Inicia el médico para agradecerle. Hay en esa actitud una sinceridad, un calor y una dulzura que compensan largamente por lodo lo pasado y llenan el corazón del orgullo de ser médico, y de ser obstetra.
El pediatra actúa en oirá esfera, cercana pero diferente. Tiene en sus manos vidas tan indefensas, debe lidiar con problemas tan complicados y ha de hacerlo ante la angustiosa mirada de la madre que esta en todo momento, pendiente de sus palabras y de sus gestos como de una condena o de una salvación. Debe, por otra parte, enfrentar algo tan conmovedor como el sufrimiento de un niño. Impotente, sin poder muchas veces expresarse, vencido por la enfermedad y entregado completamente en las manos de los adultos, algo terriblemente patético tiembla en la apariencia de un niño enfermo, algo que el médico siente y, lo obliga a entregarse y a dar todo lo que su saber y su amor puedan.
Pero la misión del pediatra, además de curar niños, es formar hombres. Debe ser médico y educador. Se acerca al ser humano en los años cruciales de su formación física y espiritual; enfrenta los problemas familiares que están determinando todo el futuro y debe saber verlos y manejarlos, enderezando su acción, no solamente a salvar el escollo de la enfermedad actual, sino a la prevención de las maladaptaciones futuras cuya semilla se encuentra ya presente.
Debe ser el médico de la familia al mismo tiempo que el del niño y su responsabilidad no esta cumplida con la curación de una enfermedad, sino con la medicación del ambiente y la preparación de un futuro normal para el ser que se pone en sus manos. Todos los buenos pediatras lo saben y nadie lo expresa mejor que Florencio Escardó: "El Pediatra no ha de querer superficialmente al niño sino amar en él al hombre del que el niño es cifra y resultado, a veces desencanto, y ha de respetar en su paciente un tremendo coeficiente de misterio y de devenir. Quien no entiende de un modo vivo y real que el niño no es una presencia sino una continuidad no debe ser pediatra".
La actividad del neurólogo tiene otras facetas. Hay en ella ciertas características que la hacen atractiva para espíritus especulativos y que ofrecen un placer incomparable a quienes son capaces de gozar plenamente de la actividad intelectual lógica y entregarse a la solución de problema con todas las características de los que se presentan en disciplinas especiales, como las altas matemáticas.
Los cuadros neurológicos enfrentan al especialista con problemas que sólo pueden ser resueltos si se llenan dos condiciones indispensables. Es la primera, por supuesto, un conocimiento exhaustivo de los centros, las vías y las conexiones nerviosas y su funcionamiento. Es la segunda una capacidad para el razonamiento preciso, para la discriminación lógica inflexible, para el análisis y la síntesis. Quizás por eso la neurología constituye la especialidad médica que más se acerca a las ciencias exactas en su aspecto diagnóstico y la que puede ofrecer mejor el goce de la actividad lógica y del razonamiento puro. Nada puede igualar en este sentido, a la satisfacción que el neurólogo experimenta, por ejemplo, al ver que su diagnóstico de localización es confirmado, a veces milimétricamente, por cirujano quien, guiado por sus indicaciones precisas, ha llegado a la lesión y ha salvado al enfermo.
Por supuesto que he tomado estas especialidades solamente como ejemplo. En realidad, cualquiera, cuando es estudiada con dedicación y practicada con amor, ofrece al médico posibilidades inmensas y satisfacciones sin fin. Hay una, sin embargo, de la que quiero decirte algo más.
No hay reseñas todavía. Sé el primero en escribir una.
Explora entradas similares
Sin posts relacionados en este momento.