El médico ante el amor

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El médico ante el amor
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📚 Forma parte de:
  • Fecha de publicación: 1957
  • Editorial: Editorial Assandri
  • Lugar de publicación: Córdoba, Argentina

📝 Texto íntegro

Muchas, muchas veces has leído la palabra amor en estas páginas y ella te habrá colocado en la posición del que se enfrenta con un misterio.

Y es que el amor ha sido siempre un misterio. Domina la vida humana con su maravillosa mezcla de fuerzas instintivas y sublimaciones espirituales; crea un claroscuro en el que el hombre se mueve bendiciendo y maldiciendo y el investigador se pierde, desorientado y confuso, y en el que es quizás el artista el único capaz de iluminar aspectos y descubrir secretos.

No pretendo en estas líneas ofrecerte un análisis del amor ni, mucho menos, una solución a sus eternos enigmas. Hallarás solamente las observaciones de un módico que. unido a, sus semejantes, trató de comprenderlos y ayudarlos.

En realidad, la palabra amor engloba una serie de significados. La Academia de la Lengua te enseñará que es, desde un "afecto o sentimiento que inclina el ánimo a apetecer el bien real o imaginado", hasta "pasión que atrae a los sexos", con lo que, al decirte mucho, no te dice nada.

Y es que en el amor intervienen un conjunto de impulsos variados que informan la inmensa gama de "amores" que encontrarás en tu vida.

Parece que, como en todo lo importante de la existencia humana, en el amor se realizara la síntesis de tendencias opuestas; parece que fuera una mezcla en la que varios colores afectivos pusieran su parte, siempre en proporciones diferentes, para ofrecer en cada caso un resultado cromático distinto; parece como si se combinaran en cada uno lo claro y lo oscuro, lo cálido y lo frío, la vida y la muerte.

Y es que eso que llamamos amor es un desequilibrio inestable de tendencias, una variedad múltiple e inaccesible de sentimientos, una dualidad constante de sí y de no.

Sabes bien que alguien dijo que el amor no es sino un disfraz del instinto sexual. Que el instinto está presente siempre, en una forma u otra, no puede dudarse, pero, sin embargo, tratar de comprender el fenómeno tomando en cuenta solamente el instinto como tal es mutilar la realidad. Hay una serie de sentimientos que confluyen para crear la variada verdad del amor. Puede argüirse que todos ellos están relacionados con el instinto sexual pero, de todas maneras, si queremos comprender algo del problema, estamos obligados a discriminar y analizar.

Y nos encontramos, entonces, con la primera dualidad: el "amor sexual" y el "amor espiritual". Ambos tienen que estar presentes y mantenerse en equilibrio como recurriendo al símil manoseado- en el filo de la una navaja. Si ese equilibrio se pierde, el amor se ha destruido. Si cae hacia el lado material, si predomina decididamente el sexo, el amor deja de serlo para convertirse en deseo; si lo que queda es el "espíritu", el amor pierde sus características para transformarse en alguna forma de amistad.

Pero no es este el único contraste. Si analizamos más a fondo el problema nos encontraremos con una gama variada de sentimientos, en pares opuestos y en equilibrio inestable.

Veamos algunos: hay en el amor, ante todo, un impulso a poseer, apareado con el deseo de ser poseído. Quizás predomina el primero en el amor masculino y el segundo en la mujer, pero ambos se hallan siempre presentes. Y al hablar de posesión no me refiero, por supuesto, solamente a la posesión física, sino nuestra en sus sentimientos, sus ideas, sus aspiraciones; que nos pertenezca íntegra y totalmente y que se funda en nosotros. Al mismo tiempo, sin embargo, hay la necesidad de ser poseído, de pertenecer, de sentirse diluir en el ser amado y de participar en su vida total, como si en él moráramos. Estas dos tendencias deben también mantener un equilibrio perfecto si el amor ha de conservarse como tal. Si el impulso a poseer domina, la relación se convierte en un infierno de egoísmo, de celos incontrolados y se destruye ante la imposibilidad real de la posesión absoluta. Si es el afán de ser poseído el que triunfa, el amor desaparece para transformarse en una sumisión inferior que no puede satisfacer a la persona amada; y que destruye prontamente toda posibilidad de realización completa.

Y el amor es necesidad de depender, como es necesidad de que dependan de nosotros, este aspecto es muy claro en los seres para los que la vida es tensión, esfuerzo y lucha; para los que cada día es un desafío y cada acontecimiento es una prueba. Buscan en el amor una compensación y desean depender del ser amado y abandonarse en sus brazos al sentimiento para ellos doblemente placentero de no tener que tomar decisiones ni resolver problemas. Al mismo tiempo sin embargo, hay la necesidad de que, en cierta forma, el ser amado dependa también. Y he ahí el nuevo equilibrio inestable que, destruido, destruye el amor. Si la relación se hace dependencia incondicional, el amante se convierte en un "ser que ha perdido todo atractivo, que "vive colgado" de su pareja y que, de esa manera, termina con todo el valor humano y con toda la prestancia del verdadero amor. La aspiración a que dependan cíe uno absolutamente, por otra parte, ahoga la personalidad, la dignidad y la humanidad del ser amado y termina por matar todo sentimiento auténtico para convertir la relación personal en una lucha sin fin o en una abyecta sumisión sin sentido.

El amante necesita ser admirado y necesita admirar. Sin admiración no hay amor verdadero. Es indispensable apreciar las excelencias de la pareja y gozar con ellas; sentirse, en algunos aspectos, superado, reconocerlo y apreciarlo, pero es indispensable también saber que se nos admira para juzgarnos merecedores de ese amor. Si este nuevo equilibrio se rompe, tendremos el amor por imposible. Será, o narcisismo egoísta, que se goza en la reverencia sumisa y barata, o idolatría ciega .que destruye toda posibilidad de aparejamiento y comunión.

Y el amor es deseo de conquistar, al mismo tiempo que goce de ser conquistado. También aquí predomina, en nuestra cultura, el primer aspecto en el amor masculino y el segundo en el amor femenino, pero ambos se hallan presentes siempre. Sin "conquista", es decir, lucha y triunfo, no hay amor. Y ello no solamente al comienzo, sino cada día, cada hora, cada momento. Se ha dicho que es fácil obtener el amor y difícil conservarlo y es que la conquista debe ser renovada cada vez y conseguida cada vez, inacabablemente. Y debe ser conquista mutua, ya que la realización está en sentirse, al mismo tiempo, conquistador y conquistado, actor y objeto, cazador y presa. Si esta dualidad se deforma, si el equilibrio se rompe, tendremos, o la caricatura del Don Juan cuyo placer es la conquista, pero que desconoce el amor, o el ser pasivo, que goza en ser conquistado, pero no sabe elevarse sobre eso goce para poder amar.

Y es que hay otros dos componentes antitéticos y complementarios en el amar verdadero. Son la necesidad de dar y la urgencia de recibir. Amor es dación, es cierto, pero no es solo dación. Si bien el amante debe ser capaz de renunciar, quizás por vez única, al egoísmo, de transferir el centro de gravedad, como decía Ortega y Gasset, de uno mismo a la persona amada, necesita también recibir; si goza al entregarse, ese goce no es completo, no es amor, si no es capaz de sentir la entrega. Y he aquí otra de las dualidades, casi paradójicas.

Quizás más que en ninguna otra parte el misterio del balance inestable que es la vida se manifiesta aquí con la claridad indiscutible y, quizás es por eso más misterio y más vida. Variedad de sentimientos, choque de fuerzas que, milagrosamente, se equilibran y que, en ese equilibrio, se funden en una increíble reconciliación de contrarios, síntesis de polaridades infinitas, comunión de claro y oscuro, ambivalencia de alto y bajo dualidad de sí y de no.

Comprenderás ahora los "amores" que te confíen tus enfermos, comprenderás por qué no hay un amor; por que uno no es nunca igual al otro, por qué en cada uno se siente renacer y por qué parece que el amor que se inicia es siempre un descubrimiento. Comprenderás por que el hombre es eternamente un alucinado buscador de "el amor" y porque halla siempre "un amor" que, en ese momento, le parece el único o el ideal; sabrás por qué, cada vez, no es capaz de mostrar sino un aspecto diferente de su Yo, y cómo, cada vez, ofrece una oportunidad distinta de desear, poseer, admirar, dominar, conquistar y dar, así como una nueva posibilidad de ser deseado, poseído, admirado y conquistado, de recibir y de depender; cómo la proporción de estos sentimientos varía en cada amor y cómo ello hace el misterio insondable, el enigma irresoluble y el influjo eternamente atrayente y mágico.

Nadie puede conocer, pues, el amor, nadie puede agotar el amor, nadie puede cansarse del amor. Ilumina la existencia en todo momento y entibia la sangre constantemente hasta que la vida se funda en el infinito y el amor se haga recuerdo-una vez más dualidad de dolor y dulzura-en el alma de los que quedan.

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