Apuntes para una filosofía o interpretación del pensamiento

📘 Ficha de la pieza

Apuntes para una filosofía o interpretación del pensamiento
👤 Antenor OrregoAutor
Ensayos
📚 Forma parte de:
  • Fecha de publicación: Diciembre de 1926
  • Páginas: 1
  • Lugar de publicación: Lima, Perú

📝 Texto íntegro

Apuntes para una Filosofía o Interpretación del Pensamiento
POR ANTENOR ORREGO

EL ERROR DE LA FILOSOFIA

El error capital de la filosofía sistemática ha sido valerse de la razón para construir conceptos, cuando la razón es instrumento para suscitar o transmitir intuiciones. El concepto abstracto y por eso es una petrificación del pensamiento o desde que se formula; en tanto, que la intuición es viva y es siempre una función aptitud de realizarse y verificarse constantemente.

Lo que comúnmente se llama filosofía es el aparato o encadenamiento de razones o de conceptos para expresar una intuición o conjunto de intuiciones. Pero la filosofía no es eso, la filosofía es la intuición misma que ilumina o aclara un sector de la vida o del cosmos.

La filosofía o la intuición del hombre nunca se gasta o envejece, lo que se gasta es su expresión racional o conceptual que es debida a la circunstancia o a la época en que se produjo. Las llamadas contradicciones de las filosofías son contradicciones de razones, contradicciones conceptuales, porque en verdad las filosofías, es decir, las intuiciones no se contradicen nunca, se integran en razón de que cada una de ellas se incorpora al acervo del conocimiento humano y son eternas como la verdad que revelan.

Podría un ejemplo citando las intuiciones sobre unidad y multiplicidad del universo. La simple formulación racional ya establece de hecho una contradicción verbal evidente y esta contradicción se produce porque desviamos a la razón de su actividad funcional. Tomamos la razón como la intuición misma cuando es mera conductora de ella.

Si al estudiar o comprender una filosofía fuéramos directamente a la intuición o intuiciones que expresa sin quedarnos en su expresión racional, o mejor, asignando a la razón su mero papel de vehículo, llegaríamos siempre a la armonía integral y jamás a la contradicción.

LA FUNCION DE LA RAZON

No se trata del desplazamiento de la razón en el proceso que sigue la inteligencia hacia el conocimiento. Se trata, más bien, de rehabilitarla hacia su verdadera y propia función conductora, hacia su ejercicio vehicular, si me es permitido el adjetivo.

En efecto, la razón en la filosofía occidental ha excedido con frecuencia su virtualidad legítima para confundirse con el conocimiento o con el pensamiento mismo. La razón es vehículo expresivo, es vestimenta, es instrumento del pensamiento y nada más. Es la mediación que lo humaniza, lo transmite, lo moviliza a la conciencia de los hombres.

La razón cambia y se transforma con las culturas y con las épocas, es la gran adaptadora, en tanto que el pensamiento permanece el mismo en su esencia, aunque sea distinta su vestimenta o envoltura racional.

La razón no vale por sí misma, vale por el pensamiento que moviliza. La razón conduce la verdad, pero no nos conduce a la verdad. Razonamos para transmitir el pensamiento, pero no para encontrarlo o percibirlo.

Cuando hemos encontrado una verdad encontramos razones para expresarla pero nunca llegamos a ella razonando si nuestro espíritu no la ha percibido directamente. Las razones más sutiles no nos convencen de nada ni nos entregan verdades. La lógica es una ordenación para expresar bien un pensamiento pero nunca para crear o descubrir el pensamiento.

ELASTICAMIENTO O DILATACION DEL CONCEPTO RAZON

Es preciso considerar la razón ya no sólo como simple instrumento especulativo, cual se ha considerado hasta ahora en la filosofía, sino como instrumento de expresión vital e histórica que se desplaza fuera de la conciencia del hombre. Tal vez esto llegue a escandalizar a cierto puritanismo de la filosofía, domesticada y profesional, pero no encuentro otro término más adecuado y apto para expresar esta idea.

Tan razón es una catedral gótica del pensamiento gótico, porque es un símbolo, como la reminiscencia que Sócrates pone en el Fedón como una de las razones de la inmortalidad del alma. Nuestras razones son los símbolos de nuestros pensamientos porque los expresan, los revelan a los otros. Del mismo modo, el aeroplano, los estadios deportivos, el radio, la filosofía pragmática y vitalista, el idealismo social y el periodismo son las razones que expresan el espíritu contemporáneo.

Hasta ahora se ha dado carta de naturaleza a la razón subjetiva, a la vestimenta que sirve de envase transmisor a nuestros pensamientos que no llegan a objetivarse morfológicamente, a nuestro conocimiento que se organiza en un sistema o en alegato o argumentación.

Es preciso restablecer a la razón en su plenitud funcional. La construcción de un puente, de un edificio o de una paracaidística es la revelación de un pensamiento o de una serie de pensamientos y, por lo tanto, la presencia morfológica de estas obras es la razón del pensamiento que las concibe y las realiza.

La rutina nos ha acostumbrado a considerar a la razón como una existencia únicamente verbal, amputando su realidad, cuando ella es más dilatada y rica. Sin el puente o el aeroplano el pensamiento que los concibió no se transmitiría en toda su viva realidad. Ellas son las razones de los pensamientos que los concibieron porque son sus vehículos transmisores. La razón tiene pues una función tanto sugestiva verbal como morfológica, física y táctil.

Registrar el error capital de la filosofía, determinar la función expresiva de la razón y dilatar el concepto ordinario de ésta última no queda sin examinar el pensamiento como historia, el pensamiento como ética, el pensamiento como estética, cada uno de los cuales será objeto de capítulo aparte.

(De “Helios”, libro en preparación)

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