Ficha de la pieza
- Fecha de publicación: 1957
- Editorial: Editorial Assandri
- Lugar de publicación: Córdoba, Argentina
Texto íntegro
Y, si el destino del médico es unirse a sus semejantes, una indispensable condición es el desarrollo de sus capacidades artísticas para ese propósito.
No puede "Aprenderse" a ser artista. Se necesitan condiciones básicas, sin las cuales, todo aprendizaje es inútil. Pero, así como el pintor o el poeta deben desarrollar las capacidades que poseen, así el médico debe también hacer florecer las propias en el arte de ser médico. Es éste, quizás, el más hermosos aspecto de nuestra profesión. No es suficiente saber medicina. Hay que sentirla también. Se puede ser un sabio y no por eso ser buen médico. Se necesita algo más: la sensibilidad artística, el toque mágico personal que va más allá del conocimiento frío, la vibración afectiva creadora que se encuentra en la base de "toda obra de arte. La relación directa con los hombres la necesita para florecer. Al lado de la objetividad fría de la ciencia, es indispensable la cálida subjetividad del arte. Sin ella, el médico será un técnico en problemas de laboratorio fisiológico o de anfiteatro anatómico, pero no un ser humano ayudando a otro ser humano.
Esa es la razón por la que muchos hombres de subidos quilates intelectuales, que trataron de estudiar medicina, tuvieron que en cierta forma, apartarse de ella aplicándose a trabajos de investigación en laboratorio o a actividades no clínicas. Descubrieron bien pronto que no podían, no hubieran podido nunca, no sólo manejar la interrelación del médico con el enfermo, sino lo que es también necesario, gozar en ella y sentir el placer de la reacción y la satisfacción indescriptible que el ayudar a otro ser humano debe traer consigo.
Pero, ¿cómo puedes desarrollar tus capacidades artísticas para ser médico? De una sola manera: desarrollando tu propia personalidad, cultivando tu propia personalidad.
Hay algo individual, intransmisible, en la manera de ser médico: es la forma de usar el propio yo en relación con el semejante; es el modo de enfrentar y resolver problemas humanos que, en medicina, se encuentran siempre antes y después de los problemas científicos. Nunca será médico si ante un enfermo sólo sabes recordar la ciencia y si no sientes que él no es un conjunto de órganos que funcionan mejor o peor, sino, ante todo y sobre todo, un semejante que sufre.
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